..........Carbónicas Molina, de Salamanca. Una superviviente

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La entrada de hoy, sobre la última fábrica de bebidas carbónicas de Salamanca, es un amplio extracto de una entrevista a Evelio Rodríguez Domínguez, realizada por Jorge San Román y aparecida en "Salamanca Rtv al día", de donde se han extraído también las imágenes. (http://salamancartvaldia.es/not/53600/la-ultima-fabrica-de-gaseosas-de-salamanca-carbonica-molina/)" 


Como consecuencia de los nuevos hábitos de consumo y de la aparición de nuevas bebidas, las gaseosas han ido perdiendo su mercado tradicional. En la provincia de Salamanca, donde hubo censadas más de 140 fábricas, incluidas algunas grandes marcas, la única que perdura es Gaseosas Molina, que ha logrado sobrevivir sin ser absorbida por los grandes monstruos del sector, como ha sucedido con la casi totalidad de los más de 4000 fabricantes que llegaron a existir en España.
Carbónica Molina S.A. es una empresa que cae simpática, porque en ella vemos reflejado el sempiterno mito de David contra Goliat; la historia de la irreductible aldea gala, y la de tantos y tantos débiles que siguen enfrentándose a los abusones, logrando salir adelante a base de mucho trabajo y de mucho tesón. En el consejo de administración de ésta empresa familiar, están ya integrados miembros de la tercera generación. El actual patriarca y consejero delegado de la firma, Evelio Rodríguez Domínguez, exhibe en su despacho una fotografía fechada en 1934 en la que aparecen los padres fundadores, Evelio y Antolina, junto a su tío Juan. Evelio está dispuesto para contarnos la historia de la marca, que es la de su propia familia, y a enseñarnos los secretos de la fábrica de gaseosas.

Carbónicas Molina, años 50. Plantilla y maquinaria


E.R.D: Molina es un apellido que se perdió en el siglo XIX, en mil 1800 y pico, pero se nos siguió conociendo así, de hecho, yo me pongo al teléfono y respondo “Soy Evelio Molina”, y mi hija también dice “soy Mercedes Molina”. Fue en 1961 cuando registramos 'Molina' como marca comercial. Hace unos años se celebró el 175 aniversario de las bebidas refrescantes, y a Anfabra, la asociación que reúne a los fabricantes, se les ocurrió hacer unas exposiciones itinerantes, nos pidieron algunas cosas, y les prestamos fotos, algunas botellas, máquinas, hicieron un vídeo, y aparecimos en Antena 3 Televisión. Nuestra satisfacción fue ser presentados como una de las empresas más antiguas.
En el hall que da acceso a las diferentes dependencias de la fábrica, se encuentra instalado un pequeño museo que alberga una increíble colección de botellas; son la historia de Molina, y hay otras sorprendentes, como la primera de Trinaranjus, una original pieza de cristal con la forma de tres naranjas que confluyen en un cuello de botella. Es la prehistoria de los envases que hoy día conocemos y consumimos, y Evelio está orgulloso de conservar una buena parte del patrimonio histórico y familiar.

 E.R.D: Guardamos  el letrero original de la fachada de la primera fábrica de la calle Mansilla, fíjate, tiene 80 años. Estas diapositivas se proyectaban en los dos cines que había aquí, en el intermedio de las películas. Conservamos fórmulas antiguas: Manzana: 4 grms. de esencia por litro de jarabe, 40 grms. de concentrado por litro de jarabe, es un documento de 1934.

Diapositiva publicitaria para los cines


Fórmula primitiva conservada


 Precisamente en esa época, a finales de los años 20 del pasado siglo, el bejarano Juan Rodríguez, tío de Evelio,  se encontraba en Iberoamérica, donde había acudido en busca de fortuna, y puede decirse que se topó con ella, pues vio algo que le llamó poderosamente la atención. La moda de las gaseosas de sabores había traspasado las fronteras norteamericanas; en Colombia bebían Kola Roman desde 1865; en Ecuador existía la marca de gaseosas Fioravanti desde 1878, y también en Méjico se envasaba la Toni Col desde 1887. Entusiasmado al conocer la nueva bebida, Juan Rodríguez decidió regresar a Béjar, con la idea y el propósito de montar una fábrica de gaseosas. Así, a comienzos de 1934, él, junto a su hermano Evelio Rodríguez, y Antolina Domínguez, esposa de este, y padres amobos de Evelio Rodríguez Domínguez, instalaron una pequeña fábrica de gaseosas en una bodega de 50 metros cuadrados en la calle Mansilla, en pleno centro de Béjar.

Primeros repartos antes de los vehículos a motor


E.R.D: La primera máquina embotelladora vino de Madrid, 1.310 pesetas costó, se pagó el 20 % al contado, y el resto mediante cinco letras. Esto empezó a funcionar el 19 de marzo de 1934, ese día se despacharon los primeros pedidos: 6 sifones a Antonio, a 0,25, 12 sifones a Pepe, y también las primitivas botellas de bola que se vendían por cajas de 6 o de 12 unidades, y se servían en unos cestillos de hierro que fabricaba un herrero de aquí. En los primeros años, se hacían unas veinte docenas de botellas diarias. Uno de los desafíos que planteaba  la distribución de las bebidas carbonatadas,  que hasta el momento debía ser mezclada en el momento del consumo, era el embotellado, pues existían problemas técnicos que impedían  lograr un sellado hermético que permitiera conservar el gas.

Maquinaria años 40


E.R.D: En las primeras botellas había una bola de vidrio que estaba situada en un compartimento al final del cuello, y el gas carbónico la empujaba hacia arriba, impidiendo así que se derramase el contenido. Tecnológicamente era un boom, las botellas venían de Gijón, y había otra fábrica en Barcelona, pero aquello terminó prohibiéndose por considerarse anti higiénico.
De los pueblos venían con caballerías, con mulos, y cargaban en ellos cajas de 48 botellas, y si para las fiestas necesitaban más, venían con un carro de vacas. Es que los particulares hacían vino, pero aquel vino de pitarra 'rascaba' que no veas, y la forma de hacerlo bebible era 'bautizarlo' con gaseosa. Mira, este cliente todavía existe, está en el Castañar, Casa Senén, de los que hemos conocido cuatro generaciones, el cliente más antiguo, desde el año 34. El Torres, de Guijuelo, desde el año 49; entonces se les mandaba la mercancía por ferrocarril. Mira este otro antiguo albarán, cuatro docenas de gaseosas, a seis pesetas la docena, veinticuatro pesetas.
Luego llegó la guerra, mi tío falleció en 1936, y vino una época en la que todo escaseaba, no había botellas, y teníamos que ir a las traperías de Madrid para comprarlas de segunda mano, y poder embotellar. No había ni lata para fabricar las chapas “de corona”, que nosotros llamamos, y usábamos las botellas de champán tapadas con un corcho, y atadas con una cuerda. Después de la guerra, no había azúcar, la sacarina no se conocía, y seguía sin haber  tapones ni botellas, luego ya se empezó a fabricar con sacarina…
 Tras la muerte de Juan Rodríguez, fue al padre de Evelio a quien correspondió ponerse al frente  de la empresa. Superados los momentos más difíciles de la posguerra, Evelio consiguió el tránsito de una fábrica manual, a una factoría con maquinaria moderna y automática. De las primitivas botellas de bola, pasaron a las de tapón de corcho y chapa, y de ahí al tapón mecánico o de porcelana, que marcó toda una época. De repartir las botellas en cestas y carros de mano, a transportarlas con animales de carga, y a emplear después camiones botelleros que podían abastecer  un territorio mucho más extenso. 

Plantilla años 50



 E.R.D: La primera camioneta de reparto se compró a mediados de los años 50, más o menos, a la Central Lechera de Salamanca. Procedía de Etiopía, y los italianos la habían traído a la guerra de España, M-62248, era su matrícula. El segundo vehículo fue una camioneta Ford, que si se partía un palier, tenías que tirarte todo el día en el taller para sacar el eje y poder arreglarlo. Luego empezaron a fabricar en Barcelona el Ebro –que pertenecía a Ford-, pero tenías que tener influencias y recomendaciones para que te pusieran de los primeros en la lista de espera. Yo escribí varias cartas al concesionario, hasta que al final conseguimos el Ebro, uno de aquellos de morro alto, los primeros que se fabricaron en España. Luego vinieron los Barreiros. Hoy día tenemos dieciséis vehículos para cubrir todo el reparto. En ese período de expansión de los años 50, Molina contrató los primeros empleados fijos, un número que fue aumentando en el transcurso de los años, además de contratar personal eventual autóctono siempre que las campañas de verano lo requerían, llegando a la actual plantilla, formada por veintisiete trabajadores.

Vehículo de reparto


E.R.D: Antiguamente las cosas eran de otra manera, cuando había acumulación de trabajo, hablabas con algún vecino que estuviese desocupado, le ofrecías tres pesetas, o lo que fuera, y no existía la contratación como la conocemos hoy en día.

Esa refrescante tentación embotellada
Además de la tradicional gaseosa, que en Béjar antiguamente se denominaba 'limón', y del agua de seltz en sifones, Molina embotelló infinidad de sabores, algunos con marcas propias, y otros con las marcas cedidas por los creadores de los sabores; Limorefrescante, Limonada Natural Iris, Orange, Koki, bebida incomparable, refresco natural, de venta aquí, Tometucs??, exquisito refresco de naranja, Agradable sabor de zarza espumosa Pic-Nic,  Beba Jumate, deliciosa bebida espumosa, Piña Ecuatorial, refresco ideal, Ino marca registrada refrescante, embotellado bajo licencia….

E.R.D: Los años 50-60 fueron los de mayor esplendor, sólo en Béjar llegó a haber tres fábricas de gaseosas. La zarzaparrilla era la Coca Cola de entonces. 'Citrania' era un refresco que se consumía mucho. El que te vendía los productos te daba la marca también, junto a las etiquetas y los jarabes. Embotellábamos 'Orange', que es lo que hoy día es la Fanta de naranja, y limonada. Por entonces lo más adelantado era la cerveza, pero era muy cara, y no se implantó hasta bien entrados los años 60. Nosotros servíamos una caja de cerveza por cada cien de gaseosas, hoy día es justo al revés.

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Después del fallecimiento de Evelio, acaecido en 1965, tras haber permanecido 29 años al frente de la empresa, su viuda, doña Antolina Domínguez, y sus ocho hijos, decidieron crear una sociedad anónima con la aportación de toda la industria. Un año más tarde, adquirieron dos naves y unos terrenos en la carretera de la Estación, y en 1969 trasladaron la fabricación desde la antigua planta de la calle Mansilla, y el viejo local, que sigue perteneciendo a la familia, quedó destinado como guardamuebles.
Muy lejos de Béjar, en los Estados Unidos, hacía tiempo que había comenzado la guerra entre las compañías embotelladoras de refrescos, extendiéndose el conflicto también al sector de las gaseosas. Como respuesta a la popular 7 Up, la compañía Coca-Cola introdujo en 1961 la marca Sprite, y obligó a sus concesionarios a embotellar Sprite para inundar el mercado de este producto, y eliminar a la 7 Up. Aquellas guerras comerciales, antes o después, acabarían  extendiéndose hasta nuestro país, y, “viéndolas venir”, Carbónica Molina comenzó a diversificar su actividad, sacando partido de su red de reparto. Junto a las marcas propias, 'Molina' y 'Abli', empezaron a distribuir vinos de mesa y cerveza, continuaron con los mostos, y hoy “Se lleva de todo, porque es la manera de mantenernos en funcionamiento”, reconoce Evelio.
 En el año 1973 se abrió el almacén  de distribución del recinto de Los Álamos, en Plasencia (Cáceres), para atender desde esta plaza a más de 400 clientes integrados en Plasencia, Malpartida, el Valle del Jerte y otros pueblos del norte de Extremadura. Desde Béjar, la empresa atiende directamente a más de 700 clientes de las provincias de Salamanca y Ávila.
En 1992 las cosas marchaban viento en popa, y ante la necesidad de ampliar las instalaciones, y la  carencia de suelo industrial en Béjar, optaron por construir una nave de 800 metros cuadrados en los terrenos anexos.  La vista panorámica que se divisa desde la fábrica de Molina es un privilegio para quienes tienen la suerte de trabajar en sus instalaciones. Y son también afortunados por que las instalaciones sigan en pie, pues en el año 1994, y debido a una mala planificación técnica, se produjo un deslizamiento de tierras que estuvo a punto de sepultar una parte de la fábrica. Aquel desastre, afortunadamente, no se llevó vidas humanas por delante, pero supuso un duro golpe para la tesorería de la empresa, y trajo consigo un sinfín de problemas añadidos, que a punto estuvieron de llevar a la empresa a la quiebra. Gracias al esfuerzo y el apoyo de la mayoría de los socios, Molina fue recuperando poco a poco su actividad, hasta conseguir salir de nuevo a flote.
En los últimos años, la empresa ha hecho un considerable esfuerzo tanto en la renovación de maquinaria, se han instalado nuevas máquinas lavadora de botellas y taponadora, como en la actualización de un avanzado programa ERP de todos los procesos informáticos, así como  en la introducción de nuevos procesos de fabricación, equipos de frío y una máquina para fabricar botellas de Pet (o de politereftalato de etileno), y en 2005 instaló un novedoso sistema de Ozonización para el tratamiento del agua.


 E.R.D: En esto hemos sido pioneros, porque el ozono se usaba para potabilizar el agua de las ciudades, y hemos sido los primeros en aplicar el sistema a la industria.
La gaseosa, básicamente, es agua con gas y aditamentos, sacarina –nunca azúcar-, edulcorantes artificiales, y aroma de limón. Los otros sabores que fabricamos, la naranja y el limón, sí llevan azúcar, porque eso le da más cuerpo a la bebida, y añadimos una parte de zumo natural, para que tenga más calidad. El agua que utilizamos procede de la sierra de Béjar, es nieve. En invierno, cuando viene directamente de la sierra, es agua pura. Aunque desde que hicieron el pantano,  tuvimos que montar una planta de tratamiento, porque al estar embalsada, en el agua empezaron a aparecer algas.
Después de pasar por la potabilizadora, el agua viene y se filtra aquí, con arena, que es el mejor producto filtrante; luego pasa por los filtros de carbón activo, que elimina los malos sabores, y por último pasa por un proceso de luz ultravioleta. Después de todo eso, el agua resultante es absolutamente pura, y con todo y eso, todavía hay algunas veces que da problemas, porque el agua es muy delicada, aquí tenemos a la señorita de Sanidad cada dos por tres.

La fábrica de gaseosas
E.R.D: En esta zona se hace la pesada de los productos para hacer el jarabe, se pesa el azúcar, y se hace en función de 200 ó 400 litros; es la décima parte de lo que hay en la botella, y el producto baja por unas tuberías donde se hace la mezcla con el agua enfriada  y el carbónico, porque el carbónico mezcla mejor con el agua fría. Cuando venía directamente de la Sierra, esta parte del proceso no era necesaria. De ahí ya pasa a la llenadora, que puede llenar 5.000 litros a la hora, que es nuestra capacidad de producción,  aunque por desgracia hay muchos días, como hoy, en que tiene que estar parada. Llena los lunes, y en verano, dos días a la semana, y gracias a la automatización, todo el proceso sólo requiere cuatro personas.
Hoy día, las botellas de plástico del tipo PET ofrecen a los industriales una solución liviana, libre de olor e irrompible, con un funcional tapón de rosca. Evelio nos muestra una cápsula de plástico transparente de 11 centímetros de largo.

Evolución de las botellas


E.R.M: Esto es una botella, pasa por una resistencia, la máquina lo calienta, pasa por un molde, allí se sopla, se hace grande, se enfría con agua, y se llena de forma automática. Es una pena, porque el envase de cristal es el mejor, no toma sabor, pero tiende a desaparecer. Las botellas de ½ litro de cristal ya sólo la hacemos para los bares. Y también es una pena que el mercado de los sifones haya desaparecido casi del todo, antes, hasta para el vermú se empleaba sifón, hoy vas a los bares, y no hay sifón, una lástima, pero se han cargado ese negocio.

En el año 2009 el Ayuntamiento distinguió a Carbónica Molina con la Medalla de Oro de la ciudad de Béjar, al cumplirse el 75 aniversario de la marca. Bien cierto es que la empresa siempre ha destacado por colaborar en toda clase de eventos, desde las tradicionales fiestas locales de los Arcos de San Juanito, a patrocinios culturales, concursos de pintura, exposiciones, corridas de toros, y también en pruebas deportivas de fútbol infantil, ciclismo, o maratones. Ya en 2004 la Cámara de Comercio e Industria de la ciudad había concedido a Molina la Medalla por “su trayectoria ejercida a lo largo de los años”. Pero las mismas Instituciones que reconocen y premian los méritos, no tienen reparo a la hora de apoyar la construcción de una planta crematoria de residuos, justo al lado de Carbónica Molina, y de otras empresas de alimentación.

E.R.D: Entre la crisis, la competencia, las grandes superficies, que no sé cómo pueden vender la gaseosa tan barata, porque haces números y no te salen, no sé si llegaremos muy lejos. Fíjate que en el año 37 había una asociación que ponía de acuerdo a los tres fabricantes de Béjar sobre los precios a establecer, para que no hubiera una competencia desleal. En esta foto aparece el distribuidor de las cervezas Cruz Blanca, a veces, le hacíamos el reparto a lugares donde él no llegaba “Oye, ¿me lleváis una caja de cerveza a tal sitio?”. ¡Cómo han cambiado los tiempos! Ahora las grandes multinacionales del refresco regalan a sus clientes la gaseosa que tienen,  si le compran sus otros productos, y ante esa conducta predadora nada se puede hacer, porque ¿Quién lleva a juicio a un gigante de esos? No los vamos a arruinar, y ellos a nosotros puede que sí.                                                                                                                                                                           

 Mi agradecimiento a mi amigo Javier que me ha hecho llegar este artículo.

.........Un catálogo de sifones de 1923

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En otras entradas habíamos hablado de la empresa madrileña Vázquez del Saz, una de las grandes proveedoras de maquinaria y botellas para la fabricación de refrescos y sifones en los comienzos del s. XX. Esta empresa en 1923 fue adquirida por Manufacturas Metálicas S.L., por lo que cambió su denominación y además sufrió una completa renovación y ampliación. Ese mismo año editó un catálogo de todos sus productos, del que me ha llegado la sección dedicada a "Garrafas, Sifones, Cabezas y accesorios para los mismos", gracias a la amabilidad de un colega coleccionista y amante de las botellas de sifón: Miguel Cuesta Viso, al que quiero manifestar mi agradecimiento.

El catálogo incluye distintos tipos de botellas y cabezas que demuestran el preciosismo que podían llegar a tener estos envases en la década de los 20, al mismo tiempo que supone, para el coleccionista actual o potencial, un conocimiento de las distintas denominaciones y particularidades que presentan los distintos modelos, por lo que creo que será de gran utilidad.

Empezando por las cabezas de sifón, estas podían tener el pico acodado o arqueado, y presentar el casquillo plano, redondo o "chino":

Cabeza con casquillo chino y pico arqueado

Cabeza con casquillo redondo y pico acodado

Cabeza con casquillo plano y pico acodado

Los picos podían además presentar aberturas en el extremo, para garantizar la higiene de los mismos (véase la entrada dedicada a los "sifones higiénicos")
Cabeza con casquillo plano y pico arqueado modelo "Delfín"

Cabeza con casquillo plano y pico arqueado modelo "Único"
También se fabricaban cabezas de fantasía, destinadas a no desentonar en mesas de postín:

Modelo "Cigüeña", con casquillo chino y pico acodado

Modelo "Luis XV", con casquillo chino y pico acodado
Y además, se fabricaban cabezas reforzadas "tipo inglés" (que intentaban evitar deformaciones por tratos bruscos) y con el casquillo embutido (roscado interiormente), utilizadas sobre todo en aquellas cabezas con interior de porcelana que evitaban el contacto del líquido con cualquier pieza metálica, que a la postre acabarían siendo obligatorias algunas décadas después y de las que la empresa poseía un modelo patentado.
Modelo de cabeza con interior de porcelana y casquillo redondo

Cabeza de sifón reforzada con pico acodado y casquillo plano
Los modelos de fantasía y con el pico abierto eran concedidos en exclusiva a un único fabricante en cada plaza, de forma que este obtenía la exclusividad del modelo y la garantía de que la competencia no podía hacerse con sus envases.

Así como las cabezas eran fabricadas por la empresa (con una producción que podía llegar a las 500.000 unidades anuales), las botellas que comercializaban procedían de una importante vidriería de Bohemia, y los modelos especiales también eran concedidos a un solo fabricante en cada población. Los colores en los que se comercializaban eran blanco, azul claro, verde pradera, verde parisién, verde absenta y salmón o aurora. En cuanto a las capacidades de las botellas, las más habituales eran de 50, 80/85 y 100/105 centlitros.

Modelo de sifón con vidrio de Bohemia liso, con cabeza de ico acodado y casquillo roscando interiormente (embutido)

Sifón vidrio de Bohemia a fajas espirales con cabeza de pico arqueado y casquillo plano

Sifón de vidrio de Bohemia labrado a perlas con cabeza de pico arqueado y casquillo chino. El mismo catálogo advierte que este tipo de adorno en el vidrio no proporciona la misma resistencia que por ejemplo el de fajas espirales, pero que muchos fabricantes los preferían por su agradable apariencia. Quizá por eso han llegado pocos hasta nuestros días y su precio de cotización es elevado.
Modelos ANGLESAIR, ROMA, COREA, CHECO, IDEAL, AIDA, PIRÁMIDE Y CLORINDA.      


Se completa el catálogo con multitud de repuestos e instrumentos para la reparación de cualquier sifón. Realmente, un maravilloso muestrario de la complejidad de los sifones de comienzos del siglo XX.

..........Dos lugares para recordar la fabricación de sifones y gaseosas

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No es la primera vez que os hablo de lugares en los que se exhiben botellas o maquinaria para la fabricación de sifones, gaseosas o refrescos (véase la entrada dedicada a Carbónicas Bach en el Talarn), y hoy voy a seguir en esa línea recomendándoos varios lugares más. En estos tiempos en que están de moda tantos tipos de turismo (enoturismo, turismo de la salud, turismo de aventura...), quizá habría que inventar un nuevo tipo: el turismo del sifón, una forma de recorrer el mundo buscando ampliar nuestros conocimientos sobre este tema.

El primero es el museo del sifón que hay en Pola de Siero, en Asturias. Se trata de una antigua fábrica en la que su propietario, Aurelio Antidio Cuesta, alias Lelo, enseña orgulloso parte de su colección (unas 6.000 botellas, aunque afirma que posee 32.000). Botellas de todo el mundo y de todas las épocas son lo que se puede admirar en este local, del que os dejo un vídeo de Youtube para que lo conozcáis:



El otro lugar en realidad es una de las pocas fábricas que todavía está en activo, La Flor de Vimbodí en Lérida, que ha habilitado un espacio donde se exhiben las botellas, maquinaria o cartelería que han formado parte de su historia, todo ello ilustrado también con numerosas fotografías. Hay que señalar que esta empresa todavía embotella, con la marca "Mi limón", gaseosas clásicas con tapón de porcelana en tamaños de medio y un litro, además de los clásicos sifones de cristal.

También hay un vídeo que nos muestra esas instalaciones:

Los horarios de visita se encuentra en su página web:
www.laflordevimbodi.com.es


 

..........Carbónicas Bach en Talarn (Lleida): una fábrica bien conservada

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La fábrica Carbónicas Bach desarrolló su actividad en el periodo comprendido entre los años 1959 a 1968, en un local situado en los bajos de la calle Mayor, número 1 de Talarn (Lleida). El propietario del negocio era Antonio Bach Ginestà, vecino de Talarn y nacido en Coll de Nargó.
La fábrica se inscribió en el “Registro General del Grupo Sindical Autónomo del Sindicato Nacional de Alimentación y productos coloniales” con el número de fabricante 3411.

 La actividad de la fábrica durante estos años fue la producción y distribución de bebidas carbónicas (sifones y gaseosa), refrescos diversos (cola, naranja, mandarina ...) y la distribución de cerveza, productos lácteos y vino.
La característica principal de la fábrica es que se encuentra situada en los sótanos de un edificio histórico catalogado por el Ayuntamiento de Talarn como casa noble de la villa, ya que fue residencia a principios del siglo XIX de Francisco Ibáñez Cuevas,  Barón de Eroles.


Vista parcial de la fábrica, con la llenadora de sifones, la saturadora, la llenadora rotativa de gaseosas, la capsuladora y distintas cajas y botellas


Durante la década de los 50 y 60, la fabricación de carbónicas fue una importante actividad industrial en tota España y también en las comarcas leridanas del Pallars Jussà, Pallars Sobirà, Alta Ribagorça y Val d’Aran, donde existían diferentes fábricas como Siscart, Segú, Fuses i Simó en Tremp, Bach en Talarn, Ribera i Vilanova en la Pobla de Segur.   En  la comarca del Pallars Sobirà producían Carbónicas Azamar en Sort y Argelich en Esterri d’Àneu.  En la comarca de l’Alta Ribagorça había otra fábrica de Vilanova  y en la comarca de la Val d’Aran la fábrica Cardenyes i Serra.


Otra vista parcial del local, ahora totalmente restaurado

La fabricación y la distribución de bebidas carbónicas y de otras bebidas de Carbónicas Bach finalizó el año 1968 a causa de la muerte del propietario. El negocio no siguió ya que la rentabilidad económica durante los años de funcionamiento fue mínima. La totalidad de la maquinaria de la fábrica quedó hasta la actualidad en el mismo lugar, en un estado de conservación casi intacto. La maquinaria que se utilizaba y que se encuentra actualmente es la siguiente:

-        llenador de sifones doble automático modelo “Doble”
-        máquina saturadora de gaseosas modelo “Autómata”
-        embotelladora de nueve grifos rotativa modelo “Rotor-auto2”
-        gasómetro con válvula automática modelo “Fulmen”
-        máquina limpiadora de botellas modelo “Fácil”
-        taponadora de botellas modelo “Corona”
-        dosificador de jarabes modelo “Bomba”
-        filtro de agua.

Toda esta maquinaria fue adquirida a la empresa Viudas Vilella y cia, sucesores de viudas e hijos de A. y R. Vilella de Barcelona, una de les principales marcas de fabricación de maquinaria para  bebidas carbónicas del estado.  Esta maquinaria se encuentra documentada con los prospectos  de compra y los manuales para la utilización de las diferentes máquinas (planos detallados, características técnicas, utilización correcta de los diferentes mecanismos ... ).
Todas las botellas de la empresa Carbónicas Bach llevan serigrafiada la imagen de uno de los símbolos de Talarn, una fuente de agua denominada  Font de Caps, en un original color azul y blanco con la dirección  c/ Mayor, 1 Tel. 68 Talarn y el número de fabricante 3411. En el almacén se encuentran las cajas de madera con los sifones, las gaseosas de 1 litro y las botellas de refresco de 33 cl y de 37.5 cl.



Envases utilizados por la fábrica


 Recientemente los descendientes de Antonio Bach han restaurado el local donde está ubicada la fábrica y se han puesto en funcionamiento diversos elementos como la rotativa de llenado o la limpiadora de botellas a través del sistema de poleas y correas con motor eléctrico. Se ha habilitado un sala donde se expone material de las fábricas de la zona, una pequeña exposición con material de la época y diversa maquinaria de otras fábricas de bebidas carbónicas como una rellenadora de sifón y una máquina de llenado de dos grifos. Cuenta además con una pequeña oficina-laboratorio con la contabilidad y facturas de la época, el almacén de botellas y en el garaje se encuentra el que fuera vehículo de reparto, un Fiat 522 del año 34 convertido en furgoneta en los años 50.

El camión de reparto

 Actualmente la fábrica puede ser visitada por escolares y aficionados, dando así a conocer la historia de la producción de una pequeña fábrica del prepirineo catalán en el contexto económico y social de los años 50-60, una visita que recomiendo vivamente.  

 Para cualquier consulta o interesados en visitarla, podéis poneros en contacto en el correo electrónico firadelvi@gmail.com


Mi más sincero agradecimiento a José Carlos por las fotografías y el texto para la confección de esta entrada

Añado también un enlace que lleva a un reportaje que salió en TV3 sobre esta fábrica:

http://www.ccma.cat/tv3/alacarta/noticies-324/telenoticies-comarques-lleida-27012016/video/5580313/

..........Las gaseosas de Nabor en Beade y “os arrieiros”

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Artículo escrito por Miguel Ángel Martínez Coello



Una de las historias más apasionantes del Ribeiro es la de la “Ruta dos arrieiros” o “Camiño real” que iba desde Ribadavia hasta Pontevedra.  Desde el siglo XV constituía la principal vía de comunicación entre ellas y se empleaba principalmente para acarrear el vino del Ribeiro que llevaban en “pelexos” (pellejos), que hacían los propios arrieiros de Camposancos y de La Graña con la “pel de castrón” (piel de castrón), que a continuación mandaban a Nogarejos (La Bañeza) en tierras de León, donde eran impermeabilizados con pez y que después llenaban con el vino que luego llevaban al puerto de Pontevedra que posteriormente se comercializaba en el País Vasco o en La Bretaña. Ya de vuelta aprovechaban para traer Bacalao seco, raya curada y congrio, sardinas en seco, en salazón, en escabeche o ahumadas, entre otras cosas que a lo largo del camino le iban encomendando la gente además de cerámica y artesanía.
Este relato viene a propósito porque que Beade además de ser uno de los lugares donde cargaban el vino del Ribeiro como el de la viña da xeitosa o de la viña da Portela, es allí donde aún hoy se conserva un kilómetro del camino medieval, y que también era la primera parada que hacían muchos de los arrieiros que salían desde Ribadavia. A lo largo de los setenta kilómetros de recorrido, los arrieiros visitaban los lugares de Muimenta, Cortegazas, Camposancos, A Graña, A Airoa, A Laxe, Pontecaldelas e Marcón antes de llegar a Pontevedra. Los arrieiros acostumbraban llevar para  su trabajo, yeguas o mulas para el acarreo de sus mercancías con las que compartían las tristezas, las alegrías además de las inclemencias del tiempo, que no eran pocas, con los asaltos ocasionales de los bandidos, a lo largo de un camino lleno de riesgos y penalidades. El oficio de arrieiro, pese a que era muy sacrificado, en la mayoría de los casos pasaba de padres a hijos que, aún sin hacer rico a nadie, imprimía cierto estatus social y económico. Recientemente Pablo Rodríguez Fernández “Oitabén” hizo un hermoso trabajo sobre “Os arrieiros” en forma de cómic titulado “Pepiño O arrieiro”, con y para el patrocinio de la comisión de las recientes fiestas de Beade de 2015, en la que desenvuelve la historia de este camino mediante hermosos dibujos en viñetas a tinta china que recrean el ambiente de los arrieiros en el siglo XVIII, cuando las mercancías se pagaban en reales. De la mano de nuestro paisano imaginario “Pepiño” y de Domingos “O bicho da Graña” hacen un recorrido por el camino de los arrieiros desde Ribadavia hasta Pontevedra, sin olvidar el apoyo en los textos y supervisión histórica de Alba Chao.

El que caso es que en Beade existió, hasta mediados del siglo pasado, una de las últimas mulas en activo de la región que se llamaba “Cholito”. Era la mula de Nabor e Benigna, que trabajaba carreteando las cajas de gaseosas que fabricaban en el bajo de su casa a la que le enganchaban un carro de color verde claro y que de esa manera repartían su producto por zona do Ribeiro y los alrededores. El gaseosero se llamaba Nabor Villanueva Raña, nació en el año 1911 y murió el 17 de octubre de 1961 a la edad de 50 años. Tuvo un solo hijo llamado Camilo que murió joven a la edad de 43 años en el año 1980 sin dejar descendencia. Su mujer, que llamaba Benigna Feijoo Raña, tras la muerte de Nabor, llevó adelante la fabricación de gaseosas unos años más con la ayuda de su hijo. Benigna murió en el año 1996 a la edad de 83 años. Tenían la casa-fábrica un poco más adelante del Bar Celta yendo hacia Caldelas y Beiro. La industria de Nabor tenía el número 3909 del registro de las fábricas de gaseosas y sifones de España. 

Edificio que ocupó la fábrica de gaseosas de Nabor en Beade. Foto: M.A. Martínez Coello


En los primeros tiempos, el agua la tomaban de una fuente que estaba muy cerca de su casa llamada “a fonte dos tolos” (la fuente de los locos), que aún existe. Más adelante hicieron un nuevo pozo en su propiedad para de esa manera poder garantizar la calidad y la cantidad de la materia prima. Tuvieron un empleado que se llamada Antonio Cibeira que ya murió y más adelante cogieron otro llamado Antonio Villanueva que aún vive, el caso es que le llamaban “Toniño”  a ambos los dos. Benigna, la mujer de Nabor, era hermana de la abuela de Inés Villanueva y el padre de Nabor era hermano del bisabuelo de Inés, y por lo tanto sobrina de Nabor, que es quien me puso al corriente de los pormenores y facilitó fotos para ilustrar esta bella historia. 

A fonte dos Tolos. Foto: Miguel A. Martínez Coello

Los cascos de sus gaseosas constituyen hoy una joya por ser los herederos da famosa botella “torpedo”, sólo que su base es plana para mantener de pie la botella en vez de posición horizontal que tenía la original torpedo” para así mantener húmedo el corcho y que no saliese el gas, aunque en los comienzos también emplearon la de “Bola” conocida como la “botella Codd” llamada así porque es a quien se atribuye la invención, y que poco a poco fueron sustituyendo por culpa de la prohibición de su empleo por Sanidad en los años 50 del siglo pasado. Este casco era liso y sin ningún tipo de relieve. 

Modelo de botella. Foto: M.A. Martínez Coello

Su producción fue sencilla y escasa, calculándose una rotación de unos 1.000-1500 envases que no iban serigrafiados y que se cerraban por medio de una chapa. La mayor virtud de las gaseosas de Nabor era que a pesar de la dura competencia con los fabricantes de los alrededores, tales como  Hermida de Leiro, Blancote de Paredes-Leiro, Amadeo Neira, El Mexicano, Dieguez y Gómez en Ribadavia,  E-V-CH en Francelos-Ribadavia, Xouba en Ventosela y Avelino Martínez Rosendo de San Justo de Avión, llenaba su parcela comercial casi en exclusiva con los vecinos del lugar y alrededores, con los viajeros y arrieiros que iban de paso camino de Camposancos, Alto da Rasa, Cortegazas o a Chan de Covelo que demandaban un producto fresco que pudiesen consumir allí mismo y no tener que cargar con el pesado casco una vez vacío de gaseosa, que tenían que devolver ya que de lo contrario estaban obligados a abonar el envase. Ya en los últimos tempos para hacer el reparto de sus gaseosas, compró un coche viejo “que xa estaba para tiralo” (que ya estaba para tirarlo), a un taxista de Ribadavia que le llamaban “O Calavera”

Coche perteneciente a la fábrica de gaseosas de Nabor

Son muchas las historias vinculadas a Nabor con Beade y los arrieiros, tal vez por el vínculo que la mula “Cholito” generó, como un recuerdo inmutable a través de los tiempos para propios y extraños.
Arrieros somos y en el camino nos encontraremos……

..........Gaseosas Piñeiral

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Artículo escrito por Miguel Ángel Martínez Coello. Publicado en El Faro de Vigo el 23/08/2015






Con el nº 3950 de la lista de fabricantes de bebidas gaseosas de España, figura D. Carlos Eligio Picouto “Díez” (aunque siempre le ponían “Díaz”), que en el lugar “El Piñeiral” instaló su empresa allá por los años 50. 
Para hacernos una idea, “El Piñeiral” está situado a la salida de Ourense, por la carretera que parte desde la avenida de Zamora  y pasa por la  “Finca Sevilla”, en la que hoy se encuentra el pabellón de deportes “Paco Paz”, y poco antes de llegar a San Ciprián de Viñas, donde aún se conserva la casa en la que se elaboraban las famosas gaseosas. 

Contaba la fábrica con tres manantiales propios de los que uno era excepcional por su calidad y abundante caudal, el cual limpiaban casi todos los años corriendo grave riesgo, a causa de que se acumulaban los gases de la dinamita que se usaba para limpiarlos y hacer más sitio a  “la mina” o manantial . Cuentan que una vez D. Carlos, que era quien bajaba al pozo-mina, estuvo a punto de perder la vida sino le llega a auxiliar en el último momento una empleada llamada Matilde que se percató del peligro que corría.


D. Ricardo Picouto,  oriundo de Seixalvo y padre de D. Carlos Eligio era vinatero y terrateniente. Sus posesiones abarcaban desde El Piñeiral hasta Seixalvo a lo largo de las márgenes del río Barbaña. D. Ricardo se casó con Dña. Gregoria Díez (Goya, familiarmente), señorita que fue a buscar a Astorga y a la que habían instruido las monjas en urbanidad, buenas costumbres, ciencias, artes y letras… cuentan que pintaba y tocaba el piano con cierta maestría. DCarlos quedó huérfano y con sólo 17 años tuvo que hacerse cargo del negocio de su padre  para sacar adelante a la familia. Comenzó con los vinos, que comercializaba en un bodegón situado en la calle de Santo Domingo, que después abandonaría para fundar la fábrica de gaseosas en los terrenos de su propiedad en “El Piñeiral”. Se casó con Dña. Virginia del Pilar Delgado Núñez, recientemente fallecida el 16-09-2014 y que le dio 4 hijos, Carlos, Jorge, José Luis y Pili, que continuaron junto a su padre con la elaboración y distribución de las gaseosas hasta que en 1977 se traspasó definitivamente la fábrica de gaseosas. 
 
Familia Picouto al completo Foto: F.Picouto

Uno de los primeros envases que fue utilizado para el llenado de las gaseosas fue el de las famosas botellas  “Codd”, en España denominadas de “Bola”, de “Pito” o “Boliche”, llamadas así porque en la parte superior albergaba una bola de cristal con una goma que estaba herméticamente colocada en la parte interna del cuello de la botella y que hacía que por el efecto de la presión del gas carbónico la bola de cristal subiese hasta quedar aprisionada contra la goma y así la presión se mantuviese. Para beber bastaba con empujar hacia adentro la bola y así conseguir que saliese el líquido, volviendo ésta hacia arriba una vez que se volviese a poner la botella en posición vertical reteniendo el gas. Este tipo de botellas dejaron de utilizarse a partir de la prohibición sanitaria con la orden ministerial de 22/03/1955.
Más adelante comenzaron a embotellarse en la conocida botella de gaseosa de 1 litro de cierre mecánico y la de 400 cc de cierre con tapón corona “chapa” y que distribuían en cajas de madera con el cuello de la botella hacia abajo, para que mantuviese mejor la presión al ir siempre mojado el corcho interior de la “chapa”. Las botellas llegaban a Orense procedentes de Valladolid o León a granel en sacos grandes de más de 60 unidades, colocadas de tal forma que no había apenas roturas a pesar del precario embalaje y la rudeza del transporte. Las primeras botellas no iban serigrafiadas,  llevaban pegada una etiqueta alargada en la parte superior alrededor del cuello con el nombre de la fábrica. Las cajas para las botellas las manufacturaban ellos en su fábrica grabándolas a fuego con la marca de “El Piñeiral”. Hacían cajas para 6 botellas de 1 litro y cajas para 24 unidades de 400 cc. Cuando aparecieron las primeras botellas serigrafiadas, los fabricantes ya  se las enviaban terminadas con el logo de su marca que iba variando según fuesen haciendo un nuevo pedido. En el caso de las Gaseosas el Piñeiral existieron varios tipos de acabados:

-      - Un primer acabado con el logo de la marca “Gaseosas Piñeiral – marca registrada”en rojo y blanco abarcando gran parte de la botella sin ninguna dirección. Botella rarísima que ni los propios se acuerdan.

Primera botella serigrafiada de gaseosa Piñeiral. Foto: M.A. Martínez Coello


-       - Una segunda botella con el logo en rojo que incluía “Bebidas refrescantes - Piñeiral – Orense” y la leyenda “Piñeiral 1 litro” en la parte trasera, en color rojo.

-       - Una tercera botella con el logo en rojo de fondo blanco y que a su vez contaba con dos variantes en la leyenda. Una con “Bebidas refrescantes - Piñeiral – Orense” y “Piñeiral 1 litro” en rojo en la parte de atrás y otra  que  ponía “Gaseosas - Piñeiral - fabricante 3.950 – marca registrada” y en la parte de atrás en color blanco “Insuperable gaseosa por estar elaborada con aguas de manantial y productos de alta calidad” además de un cajetín con la advertencia “El uso comercial de este envase por otra fábrica, constituye delito previsto en el artículo Nº 533 del código penal”. Esta botella tenía a su vez otra variante en la que se incluía el número de teléfono debajo del número de Fabricante. “Teléfono 216815”.

-       - Y ya en los últimos tiempo en que el llenado lo hacía Zar le sobreponían sobre la serigrafía una etiqueta de papel de colores blanco, verde y con las letras en rojo “Bebidas refrescantes Piñeiral – Gaseosa – desde 1959”


También llenaron sifones que en su cabezal de plomo  y en verde ponían la leyenda Gaseosa Piñeiral – Orense FTE. 3950, algunos de bellísimo cristal azul de bohemia, como el de la foto. Lo  fuerte de sus fabricados fueron la gaseosa, el seltz y la naranjada, aunque también fueron depositarios de cervezas “El Leon” de San Sebastián y “El Aguila Negra” de Colloto (Oviedo) además de vino embotellado de mesa de la marca “Vine”, en cuanto a los jarabes para las naranjadas generalmente los compraban a fabricantes acreditados, pero el jarabe para las gaseosas lo hacían ellos. El reparto de las gaseosas se hacían al principio con un carro tirado por una mula que hacia el recorrido por San Ciprián, Rante, Seixalbo, Mugares, Toén, Rairo, Taboadela…. El primer camión de reparto que compraron fue un Fiat azul a gasolina, más tarde un Ford rojo también a gasolina, ambos de segunda mano que los arruinaban a reparaciones. Más tarde un camión Ebro que compraron de primera mano y otro Ebro –“chato” de 3.500 kg, todos ellos rotulados con el logo de Gaseosas “El Piñeiral”. De cada reparto llevaban entre 60 y 80 cajas de cada viaje, teniendo que hacer en ocasiones varios viajes al día.

Sifón Piñeiral. Foto: Miguel Ángel Martínez Coello



“El Piñeiral” era paso forzoso de “as Leiteiras  y as Rianxeiras” que venían de San Ciprián, Rante, Vilanova, Santa Comba de Gargantós, Soutopenedo, Santa Leocadia, A Mezquita… … y era parada obligada la fábrica de gaseosas en la que reponían fuerzas y se cambiaban los zapatos de trabajo “As zocas” , que dejaban allí o en los huecos de un muro contiguo cerca del cruce donde ahora existe una rotonda, por otros más finos para estar más “guapas” en la Plaza que eran donde vendían “a leite y o rianxo”. Muchas dejaban los burros que cargaban la leche en un solar de la Calle Colón donde descansaban y  que luego recogían al final de la jornada para volver de nuevo a casa.


Cuando el mercado de las gaseosas comenzó a flojear,  ampliaron el negocio con la representación de otros productos, como la lejía “El Guerrero, lava la señora y lava el caballero” como rezaba su slogan. Ya en los últimos tiempos fueron los primeros que fabricaron y comercializaron las famosas bicas-mantecadas “AS BURGAS” que horneaba D. Carlos juntamente a su mujer que era la que hacía las masas Dña. Virginia del Pilar (Pili familiarmente), que era de la zona de Trives de donde le venía la tradición además de ser muy buena cocinera como la había sido también su madre. Además de tener y fabricar tan buenos productos como las gaseosas o las bicas,  D. Carlos tenía un talento especial para publicitar sus géneros, a cada cual más ingenioso, del que es digno de destacar los regalos por fidelidad consistentes en premios que le podían tocar al consumidor al comprar las gaseosas. El anuncio que acompaño en el artículo, es una auténtica joya y de ingenio emprendedor: Cuando el comprador adquiría una gaseosa “El Piñeiral”,  el tendero le daba un número que si coincidía con el tercer premio de la lotería Nacional de Navidad se premiaba con una máquina de escribir portátil marca Olivetti. Hoy su hijo Carlos Benjamín Picouto, que es quien me ha facilitado todos los datos y fotos para éste reportaje, me comenta que esa máquina aún la conservan porque no le llegó a tocar a nadie y quedó como vivo recuerdo de aquella campaña comercializadora. Además había premios pequeños directos que estaban ocultos en el capuchón-precinto de plástico de la botella y representados con una letra que correspondía a determinado premio según la lista que estaba colgada en el establecimiento donde se vendían las gaseosas “El Piñeiral”, ésto ocurría allá por el año 1972. 

Publicidad Gaseosas Piñeiral. Foto: F.Picouto


Y para coronar la capacidad e iniciativa de D. Carlos, tengo que relatar que en los comienzos de cada curso escolar, en uno de los camiones  de reparto, “acoplaba” una Orquesta que iba recorriendo la ciudad de Orense y los barrios, entonado agradables melodías a la vez que arrojaban las famosas pelotas verdes “GORILA”, que hacían la delicia de pequeños y mayores. Todo ello venía a cuento de que  D. Carlos  era familiar de la esposa de los que tenían las tiendas de zapatos, Astro, Vitán y Tanvi, y de ésta forma se establecía una cooperación empresarial y comercial de lo que ahora se llama “una explotación de sinergias comerciales y de marketing, las joint-venture, el Know-How, las UTE, las LBO, las I+D, el Spin-off, y los planes estratégicos.

¡Habla en cristiano!, dijo El Aguilucho. 
                                                                                                                                                                             No conozco el significado de la mitad de esas largas palabras y, lo que es más, creo que tú tampoco.    

( Lewis Carroll)

Pelotas "Gorila", pura nostalgia para los que tenemos ya cierta edad.