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..........Refrescos míticos españoles (2): Kas

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La marca Kas comenzó a utilizarse en 1954, siendo propiedad de la familia Knorr, establecida en Vitoria.
Los Knorr no eran unos recién llegados al negocio de las bebidas carbónicas: sobre 1870  Román Knörr Streiff llegó a la ciudad de Vitoria procedente de Alemania. Al poco tiempo de su llegada se casó con Pilar Ortiz de Urbina y fundó, con la aportación económica de su mujer, la fábrica de cervezas La Esperanza, en el Camino de Ali. Esta fábrica de cervezas contaría con unos jardines para que las familias pudieran recrearse y una sección de gaseosas y fabricación de hielo. En 1907 eran también fabricantes y distribuidores de la marca de refrescos Sinalco, y un año después contaba con sucursal en la Plaza de la Provincia. Otra sucursal se establecería en 1915 en la calle Cercas Bajas en la que puso al frente a su hijo Román.
Otro de sus hijos, Antonio, fue enviado durante varios años a Alemania para que perfeccionara sus conocimientos en la industria cervecera. En 1908 este último estaba asentado en Palma de Mallorca y 17 años después sería co-fundador de la cerveza granadina Alhambra.





Postales y publicidad de La Esperanza.

Román Knorr falleció en 1917, continuando al frente del negocio su viuda e hijos, que constituirían unos años más tarde la sociedad Knorr S.A., dedicada a la cerveza pero también a la fabricación de bebidas carbónicas, siendo fabricante de Orange Crush en 1931. Dentro de esos hijos no estaba sin embargo Román Knorr Ortiz de Urbina, que permaneció en la calle Cercas Bajas. Su cervecería se denominaría precisamente "La Sucursal", y tal como hizo su padre, instaló allí  una fábrica de gaseosas y sifones. La marca que utilizaría para las gaseosas y que registró fue AS. Sin embargo, poco tiempo ejercería al frente de su negocio, pues en 1928 fallecería víctima de una "rápida y traidora infección", contando con 39 años de edad, haciéndose cargo de la industria su viuda, Isabel Elorza, madre de seis hijos con edades comprendidas entre 1 y 14 años. Los hijos mayores, Román y José María, le ayudaban cuando salían de sus clases en el colegio Marianistas.

Llegados al año 1936, la Guerra Civil dejó a la empresa de gaseosas el AS sin personal para trabajar, sin clientes y sin stocks. Los hermanos Knörr, Román y José María, recibieron la llamada del ejército como otros muchos jóvenes en aquella época y así la actividad de la empresa familiar quedó paralizada hasta 1940, año en el que Isabel Elorza otorgó los poderes del negocio a su hijo Luis, que para entonces ya contaba con 16 años. El final de la guerra y los años posteriores fueron difíciles, ya que el inicio de la autarquía en España coincidió con el comienzo de la segunda guerra mundial. En aquel entorno inestable la reconstrucción de la antigua fábrica de gaseosas el AS resultaría más difícil, puesto que de los activos anteriores a la guerra sólo quedaba la maquinaria y algunos envases de gaseosas y sifones. La familia Knörr al completo dedicaría toda la década de los años cuarenta a comenzar de nuevo su negocio. Así, José María se encargaría de la elaboración de los productos y Luis de las relaciones comerciales y la captación de nuevos clientes, todo ello con gran escasez de medios provocada por el bloqueo de la ONU.

La factoría estaba en un estado lamentable: sin envases, con la maquinaria estropeada.... para poner en marcha la fábrica, hubo que "fabricar los tapones con latas de conserva usadas, reparar la maquinaria, conseguir piezas de estraperlo en Francia y sacrificarse mucho para poder salir adelante".
Los años iban pasando y en 1949 José María consiguió la exclusiva para Álava de la bebida 'Chumbo'. Allá por 1952 empezó también a experimentar con concentrados de frutas para fabricar su propio refresco. Así, creó ese mismo año el 'Zumo de Naranja El As', que tuvo mucho éxito, a pesar de la longitud del nombre. Fue su esposa Blanca quien le propuso hacer un cambio. Le sugirió unir la inicial del apellido con el 'As' de la marca de gaseosas, propiciando así un nombre corto, fácil de recordar y sonoro. En ese momento, nació KAS.
Con el éxito de la marca, y una coyuntura económica favorable, la familia Knörr constituiría, en forma de sociedades anónimas, las compañías que en el futuro iban a ser los pilares básicos del grupo empresarial KAS.

Publicidad años 60
La primera de las sociedades se llamó Knorr Elorza y la totalidad del capital fue desembolsado por Isabel Elorza y sus seis hijos. Ese mismo día, 4 de julio, también se fundó la empresa Sociedad Anónima de Bebidas Carbónicas, siendo su principal accionista la compañía Knorr Elorza S.A. con el control del cincuenta y uno por ciento del capital social. Los años siguientes fueron un goteo constante de nuevas fundaciones de fábricas embotelladoras a lo largo de toda la geografía nacional que irían dando forma a la organización empresarial Kas.
Para finales de la década de los años cincuenta, ya era una evidencia que la familia Knörr estaba desarrollando una estrategia de crecimiento a base de implantaciones a lo largo de la geografía española con sociedades participadas mayoritariamente por ellos.

Publicidad de los sabores naranja, limón y cola


 El 6 de octubre de 1971 el grupo empresarial KAS vendió un primer paquete de acciones a la entidad que durante la segunda mitad de la década de los sesenta había sido su socio financiero externo, el Banco Industrial de Bilbao. A partir de aquel momento, el grupo KAS ya no volvería a ser una empresa familiar independiente y su futuro estaría marcado por el aumento en su capital social de este Banco primero, del Banco de Bilbao después y del Banco Bilbao Vizcaya en los años posteriores.
Pero sería en el año 1988 cuando la familia Knörr Elorza iba a ceder definitivamente el control accionarial de su grupo de empresas. En el mes de octubre el Banco de Bilbao Vizcaya pasó a controlar casi el setenta y cuatro por ciento de la Compañía mediante una ampliación de capital de 1.927 millones de pesetas. Este hecho daría a entender que la estrategia de expansión basada en fábricas propias, con participaciones mayoritarias, hacía muy difícil una constante expansión empresarial sin la colaboración de un potente socio financiero.
A estos inconvenientes, se le añadió el surgimiento de una creciente problemática familiar interna por motivos de transición generacional, y así,  el Banco decidió en 1991 que la opción de la venta de la empresa alavesa KAS a la multinacional Pepsico era la única posibilidad viable para el mantenimiento estable de la mayor compañía española de refrescos sin alcohol.

Bajo la marca Kas se embotelló naranjada, limonada y refresco de cola (KasCola), además del exitoso bitter sin alcohol, que nació en 1966 inspirado por una idea italiana cuya fórmula fue adaptada al mercado español con la ayuda del doctor Hausmann, un farmaceútico y catedrático de la Universidad de Barcelona, experto en plantas medicinales. También embotelló tónica y el sabor manzana, que apareció en 1978.

Primeras ublicidades de Bitter Kas y Kas manzana


La marca Kas fue una gran patrocinadora del ciclismo español. El equipo Kas nació en 1958 en Vitoria y desapareció en 1979, aunque regresó en el intervalo 1985-1988, y se identificaba con un maillot de color amarillo con las letras KAS escritas en azul.



Si alguien quiere conocer más botellas  utilizadas por la marca, os recomiendo que le echéis un vistazo al blog  http://botellasserigrafiadas.blogspot.com.es/search/label/KAS.


Procedencia de las imágenes: www.todocoleccion.net
Fuentes para la elaboración del texto:
-Hemeroteca Ministerio de Cultura
-http://botellasserigrafiadas.blogspot.com.es/search/label/KAS.
-http://www.euskomedia.org/aunamendi/54748
-hemeroteca El Correo

..........Los años de esplendor de las fábricas de gaseosas y sifones en España (1955-1975)

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Nos habíamos quedado en anteriores entradas en la situación de las fábricas a comienzos del s.XX. La mayoría de las industrias que embotellaban bebidas carbonatadas lo hacían como complemento a otra actividad, resultando una forma de redondear ingresos en verano, siendo escasas las empresas que veían en esta actividad una forma de ganarse la vida durante todo el año. Éstas últimas solían actuar también como depósitos de cerveza y embotellaban, además de sus propios productos, marcas ajenas como podían ser Trinaranjus u Orange Crush. El consumo de bebidas refrescantes, que en los años 30 ya resultaban imprescindibles en fiestas y celebraciones, vivió un freno importante durante la Guerra y la difícil posguerra, y hubo que esperar hasta la segunda mitad del s.XX para que se reactivara.

Se calcula que en 1955 se consiguió alcanzar el nivel de vida de antes de la Guerra. Los españoles, que venían de sufrir años de escaseces, se lanzaron entonces al consumo masivo de estas bebidas. Los refrescos dejaron de ser un producto asociado a las grandes ocasiones, y pasaron a formar parte de la dieta habitual de las mesas españolas.

El aumento de la demanda trajo consigo el reparto casa por casa, y también empezaron a generalizarse las botellas de 1 litro de capacidad, que eran denominadas en las mismas fábricas como "gigantes".
En la década de los 50 había ya 5000 fábricas en España y, para evitar fraudes y garantizar la adecuada garantía higiénica de los productos, la legislación se volvió más estricta, obligando a los fabricantes a adoptar nuevas medidas como fueron  ventilación, suelos impermeables, tuberías adecuadas, alicatados en las paredes o filtros para el agua. En 1958 se creó un registro sanitario para los fabricantes. A partir de entonces, la legislación siempre fue muy escrupulosa en el tema del agua, imponiendo la realización de análisis periódicos cuyos resultados a veces obligaban a los fabricanes a realizar tratamientos correctivos (cloración, decantación, filtros adicionales...).

Fueron los años en los que grandes marcas como Coca-Cola (que, recordemos ya había estado en España en la década de los 20), Pepsi-Cola o Schweppes entraron en nuestro país, y los años en los que marcas nacionales como La Casera o Kas, iniciaron su andadura. Los fabricantes, además de comercializar sus productos de elaboración propia, se convirtieron en distribuidores de todas estas bebidas, y de muchas otras que nada tenían que ver con los refrescos, como agua, vino, cerveza, leche o sidra.

Como consecuencia de toda esta transformación, muchos de aquellos pequeños fabricantes tuvieron que desaparecer, pues ahora era necesaria una mayor inversión en maquinaria, en instalaciones, en medios de transporte y en mano de obra.

Las fábricas de refrescos vivieron durante estos años su máximo esplendor, y sus productos, serigrafiados con vivos colores, ampliamente publicitados y presentes en todas las casas, se convirtieron en el símbolo de una España que había dejado atrás la miseria.