..........Hemingway y el Hotel Suizo

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Así somos algunos coleccionistas, que más que acaparar, lo que buscamos es conocer la historia que se esconde detrás de cada objeto. Mi más valioso colaborador, Miguel Ángel Martínez Coello, parte de un sifón para llegar nada más y nada menos hasta  Ernest Hemingway y sus estancias en Galicia. Como siempre, mi más profundo agradecimiento.Este artículo fue publicado en El Faro de Vigo el 13/10/2017.



Hemingway y el Hotel Suizo

En estos días viene que ni pintado el nombre de Ernest Miller Hemingway por la huella y los recuerdos entrañables que el escritor de Oak Park (Illinois, EE UU), dejó en todas las ciudades de España donde vivió y sobre todo en Galicia. 

Los dos veranos de 1927 y 1929 que disfrutó en Galicia en el Hotel Suizo de Santiago de Compostela, fueron la fuente de inspiración para su obra “Adiós a las armas” debido a la íntima relación que Hemingway sintió con la Galicia de entonces. Hoy, en el remodelado Hotel Suizo de la Plaza de Mazarelos, una silla vacía evoca su recuerdo y el espíritu del genial escritor que vive aún entre esas paredes, compartiendo tertulia con un joven Torrente Ballester o con su paisana Ruth Matilda Andersen, al calor de los buenos vinos y de otros deliciosos productos gallegos. El caso es que Carlos Casares, nuestro homenajeado “…das letras Galegas do presente ano ”, fue un admirador del premio Nobel norteamericano por su relación directa con Galicia, dedicándole el libro “Hemingway en Galicia” (Galaxia 1999). 
En el libro de cartas,“Selected Letters”(1981), editado por la fundación del escritor en su pueblo natal, Hemingway relata en una de ellas que dirige a un amigo, los muchos viajes que hizo a La Coruña, Orense, Vigo y Noya, y en otra recomienda a su compañero de profesión John dos Passos que vaya a Galicia por mar y que en Vigo tome un taxi para trasladarse a Santiago, pero que antes se desvíe a Noya porque le iba a gustar muchísimo… Para Hemigway, Santiago de Compostela era la ciudad más hermosa que había visto jamás… 
Cuando llegó a Vigo relató… “las montañas llegan hasta el mar, parecen dinosaurios dormidos…”  y al observar la lucha de los pescadores de la ría capturando atunes, descubrió al héroe que andaba buscando, esa fuerza física y humana que siempre admiró desde niño y que unido al culto por el alcohol, conformaban gran parte de la filosofía de su vida. En “El viejo y el mar”, pone en evidencia a los pescadores que vio en la ría de Vigo en el 1921, aunque trasladado al Caribe en forma de un pescador que captura un auténtico monstruo submarino con el que lucha con fiereza, en un esfuerzo desigual entre el hombre y la naturaleza. Sobre esta búsqueda su mujer le dijo…“no te afanes más en buscar cuál es el verdadero español, porque el verdadero español eres tú”.

Ernest Hemingway visto por el autor de este artículo, Miguel Ángel Martínez Coello


El Sifón del Café Suizo
El 3 de junio de 1845, dos suizos, Pedro Fanconi y Francisco Matossi inauguraron el primer Café Suizo en Madrid y a partir de ahí fueron sembrando cafés “Suizo” por las más importantes provincias españolas como Bilbao, Burgos, Zaragoza o Santander. Sus exquisitas decoraciones, las mesas de mármol, el color escarlata de las paredes, los espejos... así como los mejores materiales de la época, eran todo un referente de lujo y distinción. Durante 1860 se hizo famoso el café por su chocolate, café doña mariquita y su esmerado servicio, además de albergar las tertulias y servir como “tribuna pública” para enterarse de las últimas noticias de primera mano. Más tarde fueron incorporando la oferta del Hotel por las ciudades que ofrecían más posibilidades de negocio, como el Hotel Suizo de Santiago de Compostela, el Café Suizo de Vigo o el Hotel Suizo de Ferrol, que está aún en pleno funcionamiento. El Hotel Suizo de Santiago de Compostela data de 1904, estaba ubicado en el número 18 de la calle Cardenal Paya en una esquina de la plaza de Mazarelos y era propiedad de Antonio Mengotti y más tarde de su hijo Alfredo.

Café Suizo de Santiago, postal propiedad de Miguel Ángel Martínez

Sin embargo la aparición del sifón del Café Suizo de Santiago de Compostela, aunque en principio fue sólo producto de un descubrimiento casual, se convirtió en una investigación en toda regla motivada por la relación del Hotel Suizo con Hemingway. Aprovecho para recordar que llevo cultivando la afición por la investigación sobre las fábricas de Seltz, gaseosas, cervezas  y aguas minerales de Galicia,  que publico en El Faro de Vigo y otros medios, lo que llevó a que el encuentro con este sifón fuese algo más que un simple encuentro.

Sifón perlado de color rosa y estampado al ácido del Café Suizo. Fotografía: Miguel Ángel Martínez


En la búsqueda y persecución por todo lo mejor de la época, no podía faltar el moderno invento del sifón para servir el agua de seltz que en aquellos momentos era considerada medicinal y por supuesto de restringido acceso a la clase no pudiente que era la más.  El 5 de mayo de este año publiqué en el Faro de Vigo el artículo  “…Del agua de seltz al sifón” , en el que comentaba cómo en 1771 Joseph Priestley había ideado un sistema para producir el agua carbonatada y como Savarese en 1832 inventó la manera de fijar una válvula permanentemente sobre el cuello de las botellas, lo que hizo que se hiciese popular en toda Europa. A partir de ahí las principales fábricas de cristal de Europa, sobre todo en Bohemia, se esmeraron en producir magníficos envases de refinado relieve y colores extraordinarios.
Los colores más llamativos se lograban al añadir determinados minerales al vidrio en la fundición, como el cobalto, que da tonos azules, el uranio, que logra tonos amarillos-verdosos que reaccionan brillando ante la luz negra o el selenio, con el que se logra el color rosa que posee el sifón del Café Suizo  que hoy es protagonista. Por si todo esto fuera poco y para rizar el rizo, los maestros vidrieros de Bohemia idearon los “perlés” que son como unas pequeñas burbujas en espiral incrustadas en el mismo cristal, cuya realización estaba a cargo de maestros especializados que guardaban ésta técnica celosamente y sólo lo usaban en encargos muy especiales, sobre todo muy caros. Aún hay que añadir que el grabado del sifón se hacía al ácido, mediante una técnica muy difícil que estaba en manos de artistas grabadores de Paris que al final de cada grabado en el sifón firmaban la pieza. En el grabado se hace resaltar el escudo del Café Suizo  que elaboraba su propio seltz y la  FÁBRICA DE BEBIDAS GASEOSAS DEL CAFÉ SUIZO - Rua Nueva 18 – SANTIAGO, y por supuesto a un lado del grabado en la parte inferior, la firma del autor C Chounard – París.
Esta joya ha quedado como testigo de una época, en la que Ruth Matilda Anderson, Hernest Hemingway, Montero Ríos, Edith Wharton, Torrente Ballester… y lo más granado de ésas épocas lo acariciaron con sus manos e hizo que el destino recordara una época y unas personas que en mayor o menor medida lograron la Galicia que estamos disfrutando.

Ernest Hemingway con un sifón en la mano (Presumiblemente de la marca Odériz, de Pamplona). Fotografía propiedad de Julio Oubiña, de la exposición sobre Hemingway en Pamplona.

“El secreto de la sabiduría, del poder y del conocimiento es la humildad.”
Ernest Miller Hemingway

Miguel Ángel Martínez Coello

..........Un programa de radio

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Hace dos días, el equipo del programa Escúchate de Aragón Radio me llamó para solicitar mi presencia en una sección del programa que iban a dedicar a los refrescos. Si pongo el enlace, no es para que escuchéis mi voz (que ahí está), sino para que oigáis algunos anuncios radiofónicos que recuperaron, así como el recuerdo de algunos refrescos ya desaparecidos. Un programa divertido, puro viaje a la nostalgia, que creo que os gustará (a partir del minuto 30 más o menos).

http://www.aragonradio.es/radio?agregar=157190

En esa misma sección se habló de una película de Fernando Esteso, "Virilidad a la española" (1974), de cuya calidad no voy a opinar, pero que recrea la realidad de una pequeña fábrica de gaseosas (gaseosa La Osa) en un pueblo español cualquiera. Está disponible en Youtube para quien quiera verla.

Desde aquí mi agradecimiento y enhorabuena al equipo de Escúchate.


..........Ca´n Ramis, en Felanitx (Mallorca)

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Esta semana el blog ha llegado a las 200.000 visitas, algo que jamás imaginé, pero que no hace sino estimularme para continuar con la labor de seguir recuperando la historia de nuestras fábricas de bebidas carbónicas. Desde aquí mi agradecimiento a todos los que en algún momento han pasado un rato de sus vidas leyéndolo.

Para celebrarlo, vamos a repasar la historia de una antigua fábrica mallorquina, Ca´n Ramis, que me ha hecho llegar Obrador Escribano Distribuciones S.L., viejos colaboradores del blog.



La historia de los fabricantes de sifones en nuestra ciudad se remonta al año 1890, cuando Sebastián Gaya Nicolau abrió la primera fábrica de sifones y gaseosas. Estuvo situada primeramente en la calle de la Plaza y posteriormente, ya en 1902 y regentada por su hijo Cosme Gaya Sagrera, se encontraba en la calle Huertos, número 53.

Sifón de Sebastián Gaya

Algunos años después, en abril de 1912, abrió también en Felanitx otra fábrica de sifones, esta regentada por una mujer, Antonia Horrach (cosa poco habitual en aquellos tiempos), y se instaló en la calle Convento número 26, justo delante de la iglesia de San Agustín.

Sifón de Antonia Horrach (Campos)

Ambas empresas convivieron hasta 1915, año en que cerró Antonia Horrach, y dos años más tarde, en 1917, desapareció la fábrica de Cosme Gaya. Fue algunos años después, en 1923, cuando aparece en los registros Juan Obrador Ramis como fabricante de sifones, el cual posiblemente iniciara su actividad comprando la maquinaria a Antonia Horrach o sus herederos.

Cosme Gaya y Antonia Horrach, subrayados


En 1924 adquirieron el inmueble donde está actualmente ubicada la empresa, y curiosamente el motivo principal que les condujo a comprar ese local en concreto, fue que contaba con un gran aljibe de unos 300 m3, algo vital en una época en la que todavía no había agua corriente, y que les permitía contar de forma permanente con una reserva importante.

En aquellos años se obtenía el gas introduciendo, en una especie de alambique, polvo de arenisca y salfumán. Tras la reacción química se producía el CO2, que era canalizado hacia el gasómetro y de allí pasaba directamente a la saturadora. Tardarían todavía unos años en utilizar el gas carbónico líquido que simplificaría notoriamente el proceso.

Por entonces, el reparto se realizaba con un carro y un caballo de nombre “Roig” (por su color castaño claro), y no fue hasta los años 30 cuando adquirieron el primer vehículo a motor, una furgoneta de segunda mano de marca Studebaker, que se modificó para el reparto de bebidas.



Botellas utilizadas por la fábrica


El 16 de junio de 1928 se instaló la primera fábrica de hielo de la zona, de lo cual se hizo eco el diario local. Un pequeño extracto del reportaje que le dedicaron rezaba así:

            Desde hace tiempo se sentía en nuestra ciudad la necesidad de montar

            una industria para la fabricación de hielo, que hasta ahora era forzoso

            importar de Palma [...] esta pequeña industria puede dar un rendimiento

            de 1.200 kilos diarios, suficientes para atender el consumo local “



            “Con esta implantación sale el consumidor grandemente beneficiado,

            las formas conservan su peso de 10 a 12 kilos, porque se evitan las perdidas

            inherentes al largo transporte [...] además se ha conseguido una rebaja

            del 50% en el precio:



                                   Barras de arroba 80 céntimos

                                   Medias barras     40 céntimos

                                   Al detalle a 10 céntimos el kg.”


En aquella época los camiones llevaban un departamento aislado con corcho para poder transportar el hielo mientras el resto de la caja era ocupado por las bebidas.

Anuncio de la fábrica de hielo, 1928

Ampliación de la fábrica, 1932
Plano de la fábrica, 1934

Esta parte del negocio funcionó hasta bien entrada la década de los 60, cuando paulatinamente las antiguas neveras fueron sustituidas por los modernos frigoríficos.

Uno de los nietos de Juan Obrador relata los duros años tras la Guerra Civil:

"Los años de posguerra fueron años especialmente duros, días de corazones tristes y estómagos vacíos, recuerdo que mi padre Miguel Obrador, me contaba que a él con seis años lo pusieron a repartir por las mañanas y por las tardes iba al colegio. Su hermano mayor de solamente 15 años conducía el camión.


Recuerdo que me contaba que solo tenía fuerza para llevar un sifón en cada mano y que además tenía que llevarlos en alto porque si no le iban rozando por el suelo, una estampa totalmente inconcebible hoy en día, pero que en tiempos de hambre era quizás el menor de los males."


En los años sesenta trabajaban en la empresa los seis hijos varones de Juan Obrador Ramis, así como sus mujeres y algunos de los hijos de estos, dándole a la empresa un carácter totalmente familiar. Solamente se contrataba a alguna persona externa en los meses de julio y agosto, cuando la familia no podía atender toda la demanda.



Dos imágenes de la fabricación de sifones y detalle de la maquinaria (embotelladora y saturadora)

Esta década fue también la época dorada de la empresa, ya que con el “boom” turístico
abrieron muchos hoteles y nuevos establecimientos en la zona, así como en toda la isla. También los mallorquines vieron incrementado su poder adquisitivo, por lo cual aumentó el consumo de los refrescos.

Fue en esta época cuanto la empresa sacó al mercado algunos nuevos productos, como
por ejemplo el “Topacio”, que era una especie de lo que hoy en día conocemos como Bitter Lemon, que tomaba su nombre del color de la botella, similar a las de cerveza.


Entonces la empresa contaba ya con tres camiones que realizaban el reparto en los pueblos de alrededor y dos motocarros marca “ISO” con los cuales se realizaba el reparto dentro del propio pueblo.





Camiones de reparto de Productos Ramis

Poco a poco se fueron incorporando nuevas marcas a su cartera de productos. Entre otros, en el año 1954 la empresa se convirtió en una de las primeras distribuidoras de Pepsi, y en los sesenta incorporaron las cervezas Estrella Damm y El Turia. En 1973 se interrumpió la actividad de fabricación de gaseosas, que pasó a elaborar otra empresa, aunque se continuó con su distribución. La fabricación de sifones, en cambio, continuó hasta 2007.


Fue en 1989 cuando Juan S. Obrador Julia, nieto de Juan Obrador Ramis, pasó a hacerse cargo del negocio familiar, dándole impulso y una nueva visión, transformándolo progresivamente en una empresa dedicada únicamente a la distribución de bebidas, que actualmente da servicio a más de 1.500 clientes con una flota de 24 camiones y cubriendo la distribución de todo el levante de la isla de Mallorca.


Fotos propiedad de Obrador Escribano Distribuciones S.L., a quien desde aquí quiero mostrar mi agradecimiento.






..........Fabricantes y distribuidores de bebidas carbónicas en Calella

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Albert Pruna es uno de los mayores coleccionistas de botellas del país. Su colección reúne unas 2.000 botellas de gaseosas, sifones, refrescos, leche y cervezas, acumuladas tras una paciente labor de recopilación llevada a cabo en los últimos 15 años. Como nos ha pasado a muchos, la contemplación de los objetos coleccionados nos ha llevado a preguntarnos por la historia que se esconde tras ellos, y de esa curiosidad nació el libro que ha tenido la amabilidad de enviarme: Fabricants i distribuïdors de begudes carbòniques a Calella. En esta ciudad, situada en la costa de Barcelona, transcurrió la infancia de Albert, y las botellas, por circunstancias familiares, siempre estuvieron presentes en ella.


Portada del libro




Una vista parcial de la colección de Albert Pruna



El libro, magníficamente ilustrado con cientos de fotografías, nos muestra, de forma cronológica, el recorrido de la fabricación de bebidas carbónicas en Calella, donde esta actividad se inició en 1898 de la mano de la sociedad Vilá y Janer, que tuvo una corta vida en este ramo industrial, ya que en 1904 el titular de la empresa era Francesc Vilá, que la mantuvo hasta 1929. La colección Pruna atesora los pocos sifones supervivientes de esta primera época, estampados al ácido con la figura del escudo de Calella.


Sifones de la sociedad Vilá i Janer y Francisco Vilá


A estos pioneros les siguieron Quirze Teixidó, que realizó esta actividad en el período 1914-1916 con la marca "La Catalana", Francesc Pimàs, fabricante de carbónicas desde 1924 hasta 1950 y  Manel Serra, que llevó a cabo esta actividad durante la década de los 30. Este último fabricante fue el primero en utilizar, en el estampado de sus sifones, la imagen de la colina del faro de Calella, rincón emblemático de la población, que luego sería un motivo recurrente para otros fabricantes.


Anuncios de Quirze Teixidó y Manel Serra

Sifón de Francesc Pimàs


En 1939, recién terminada la Guerra Civil, comenzó su actividad Carbòniques Agell, que fue en Calella toda una institución en el  ramo de la industria y la distribución de bebidas. Fue fundada por Josep Agell i Gaset y continuada por su hija Maria Teresa hasta 1982, en que se dedicó únicamente al ramo de la distribución.

Sifón Agell


Manuel Lloveras comenzó su actividad en 1953, y seis años más tarde formaría sociedad con otro fabricante de la localidad, Josep Massa, que había comprado la fábrica de Francesc Pimàs. Ambos socios unificaron la producción de gaseosas y sifones bajo la marca "Zenit". Esta sociedad duró 5 años, después de la cual Manuel Lloveras continuó fabricando el vino gasificado "Calypso", que conoció un gran éxito entre los turistas que visitaban Calella.



Sifones de Carbónicas Lloveras y Espumosos Massa antes de que se asociaran

Lloveras y Massa vendieron el negocio en 1964 a Jordi Costa, que mantendría la marca "Zenit" para sus productos. Tras la muerte prematura de Jordi Costa en 1979, su hijo mantendría el negocio, pero solamente en su faceta de distribuidor.

Sifón marca Zenit



Aunque en la entrada solamente me he extendido en la enumeración de las fábricas de carbónicas reflejadas en el libro, son muchos más los aspectos que recoge y así, además de una pequeña historia de las bebidas carbónicas, sus envases y su técnica, se repasan también todos los negocios dedicados a la distribución de bebidas, con mención a las marcas a las que se dedicaban, en ocasiones sifones y gaseosas embotellados en poblaciones cercanas. También ocupa un capítulo importante una actividad muchas veces complementaria a la elaboración de carbónicas, como fue la fabricación de hielo. El libro cuenta también con una recopilación fotográfica de algunos de los bares emblemáticos de Calella en el s.XX.

En resumen, un viaje a la nostalgia minucioso y riguroso, del que resulta un merecido homenaje a todos aquellos profesionales involucrados en la tarea de conseguir que los refrescos fueran disfrutados por un amplio público.

Desde aquí mi agradecimiento a Abert Pruna

Fuente e imágenes:
Fabricants i distribuïdors de begudes carbòniques a Calella. Albert Pruna i Sarquella i Joaquim Pera i Isern.
Editado por Albert Pruna i Sarquella i Joaquim Pera i Isern, 2009.


..........Bebidas Carbónicas Oriental, de Cornellá

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Los orígenes de esta antigua fábrica, en la barcelonesa ciudad de Cornellá, se remontan a 1902, y su promotor fue Ramón Mulá, que contó con la ayuda financiera de una tía vinculada a este negocio en Barcelona. Sin embargo, Ramón Mulá estuvo poco tiempo al frente de la misma, y la titularidad pasó a su primo Ramón Rovira, que ya conocía el sector pues había trabajado para la tía común de ambos.

La fábrica estuvo situada en la calle Rubió i Ors, en pleno centro de Cornellá, ciudad donde se encontraba la mayor parte de su clientela, aunque también abastecían de sifones los casinos de las localidades vecinas, a las que en un primer momento hacían el reparto en carros tirados por caballos, antes de contar con vehículos a motor, como este Chevrolet del año 1923 que aparece en la foto:

De esa época tenemos también las etiquetas de la marca que distinguiría sus productos: "Oriental", que se acompañaba de la imagen de un sol naciente:
 Una de las hijas de Ramón Rovira, Isabel, junto a su marido, Francisco Besson, se incorporaron a la fábrica, que tras la Guerra Civil atravesó las penurias propias de la época: falta de botellas, de materias primas, de suministros...A estas circunstancias se unió la temprana muerte de Francisco Besson, por lo que un joven Ramón Besson tuvo también que involucrarse en el negocio.
Pasadas esas duras décadas, el negocio fue desarrollándose y se adquirieron nuevos equipos, vehículos y botellas, aunque nunca perdió el carácter familiar.



Ramón Besson fue uno de los impulsores, a finales de la década de los 60, de la creación de la Sociedad Anónima CARESA (Carbónicas Reunidas), en la que se agruparon los 12 productores del Baix Llobregat que, a base de horas de trabajo e ilusión, consiguieron levantar una moderna fábrica de 10.000 metros cuadrados en Sant Boi de Llobregat, en la que llegaron a trabajar (socios incluidos) hasta 120 personas. La marca de gaseosa utilizada fue "Gaseosa Familiar", propiedad de La Industrial Carbónica de Barcelona, de la que Ramón Rovira había sido socio, y que también sirvió para la comercialización de los sabores naranja, limón y cola.
A constinuación mostramos imágenes de esas instalaciones:







 Lamentablemente, la crisis del sector se llevó por delante también a este gigante, la misma suerte que corrieron tantas y tantas fábricas a lo largo de la geografía española.

Desde aquí mi agradecimiento a Ramón Besson por la información y las fotografías que han servido para recuperar la memoria de estas fábricas.


Fotografías propiedad de Ramón Besson









..........Productos Diego, de Jaca

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En esta entrada, y gracias a la amabilidad de Antonio Félix Vinacua Diego, nieto primogénito de su fundador, repasaremos los comienzos de una mítica fábrica de refrescos de la ciudad oscense de Jaca: “Productos Diego”.

La familia Diego procedía de Santander, desde donde se trasladó a Jaca para dedicarse a la fabricación de helados, barquillos y castañas asadas. La vinculación a la fabricación y distribución de bebidas fue iniciativa de Félix Diego Diego, segunda generación en Jaca de esta familia santanderina.

La fábrica tuvo un ámbito comarcal y era de carácter familiar. En sus botellas se define como fábrica de gaseosas, hielo y oranges. Mientras que los sifones llevaban la marca “Productos Diego”, las gaseosas lucían otro distintivo, “Flor de Nieve”, y era precisamente un edelweiss el que aparecía en la serigrafía de la bonita botella. En la contraetiqueta se informaba de que en su elaboración se utilizaba agua del Alto Pirineo aragonés.

En los años de expansión de este tipo de fábricas, el espacio de la casa familiar pronto quedó pequeño, por lo que esta empresa se trasladó a unas naves industriales, donde viviría el declive de la actividad de fabricación.

Os dejamos fotos de las distintas botellas utilizadas por esta fábrica, todas ellas cortesía (y propiedad) de Antonio Félix Vinacua Diego:  

 En la fotografía anterior vemos distintos envases utilizados por Productos Diego: sifones con estampado en chorro de arena de distintos colores (muy bonito el sifón verde con franjas en espiral), y botellas de sifón y gaseosa serigrafiadas.

A continuación veremos la evolución de las cabezas de sifón a lo largo del tiempo:





Tenemos también fotografía del cajón utilizado para su transporte:

Y, para terminar, anverso y reverso de la bonita botella de gaseosa, así como tapón corona utilizado para los distintos refrescos



Desde aquí mi agradecimiento a Antonio Félix Vinacua por esta aportación.


..........Los primeros fabricantes de refrescos y los primeros tiempos de los vinos espumosos españoles

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Dice la leyenda que el Champaña fue conocido por los españoles durante la guerra contra Napoleón, ya que tanto él como sus oficiales, eran devotos de este vino. Pocos años después, durante la segunda ocupación militar francesa (1823-1827), en la que nuestros vecinos se convirtieron en aliados de Fernando VII, las modas francesas penetraron en la sociedad española, y con ellas, también sus preferencias gastronómicas.
El Champaña se convirtió, en los años siguientes, en la bebida insustituible de los grandes banquetes y pasó a estar presente en multitud de confiterías y tiendas, aunque siempre destinado, debido a su precio elevado, a las clases pudientes. Por esa razón se planteó la necesidad de elaborar vinos en España con las mismas cualidades que el espumoso francés.

Los libros de enología de la época ya recogían, de forma muy simplificada, la forma de elaborarlos, pero antes de que los primeros bodegueros se metieran en faena, los primeros fabricantes de refrescos, que disponían de tecnología para gasificar líquidos, les tomaron la delantera.

Diario de Avisos de Madrid, 01/03/1844

De hecho, los dos primeros elaboradores de vinos espumosos identificados como tales, Andrés Ansaldi y Juan Naully, ambos de Barcelona, eran fabricantes de bebidas carbónicas (véase la entrada dedicada a las primeras fábricas españolas en este blog). Es cierto que estos vinos nacionales se vendían a un precio inferior a los importados desde Francia, pero gozaron de gran éxito, ya que el público estaba ávido de poder disfrutar del ritual de fiesta que la bebida implicaba.

Los aparatos destinados a producir Agua de Seltz en el hogar también eran utilizados para la fabricación "del más exquisito champaña", como rezaban sus publicidades.

Publidad del Seltzógeno Briet. Diario La Época 10/08/1855

Publicidad de los Sparklets. El Imparcial 08/04/1899
La inyección de gas carbónico en el vino fue difundida por enólogos tan conocidos en Cataluña como Josep Roura o el farmacéutico Bonaventura de Castellet, que vieron una oportunidad importante de negocio y una vía de salida de los vinos catalanes. Por ello, la tecnología de las fábricas de refrescos entró en las bodegas. Castellet recomendaba el aparato inventado por Ozouf, perfeccionado por Cazaubon, utilizando siempre vinos de buena calidad después de tenerlos en reposo entre seis y ocho meses. Con ellos se obtenía, según él, una imitación exacta del legítimo vino de Champaña, consiguiendo de 1.000 a 1.500 botellas al día. Aunque ninguno de estos vinos llegó a ganar ningún premio ni apareció ninguna marca de prestigio, no cabe duda de que estos primeros vinos espumosos de producción nacional, consiguieron una democratización de las burbujas en los banquetes españoles.

Sería a finales de la década de los 60 del s. XIX cuando la imitación de los espumosos franceses incluyó el tradicional método "champenoise", al principio utilizando las mismas variedades de uva que ellos, y faltarían unas décadas más para que se impusieran las variedades autóctonas, con lo cual el cava adquirió personalidad propia.

Fuentes:
Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España
Giralt i Raventós, Els Inicis del Cava: Mont-Ferrán. Caves Mont-Ferrán, Blanes. 1998